El verano pasado Roberta Smargiassi iba manejando su motocicleta en las calles de Italia, cuando automóvil se pasó el semáforo rojo y la arrolló. Tenía 34 años y no sobrevivió. Los meses siguientes, su devastado esposo, Fabio Di Lello, pidió justicia, pero el culpable, Italo D’Elisa, seguía libre, así que decidió buscar justicia por su cuenta.

El miércoles 1 de febrero Fabio tomó una pistola, salió de su casa y espero afuera de un bar en el que se encontraba D’Elisa. Cuando por fin salió, Fabio lo mató con tres tiros en el abdomen. Luego llamó a un amigo para contarle lo que había hecho y se dirigió cementerio, donde dejó el arma sobre la tumba de su esposa.

El esposo de Roberta sentía que la justicia de su país le había fallado, así lo dejaba ver en las publicaciones que hacía en Facebook.

Y es que luego del accidente de tránsito, las autoridades realizaron una investigación que fue cerrada en noviembre sin resultados, los investigadores no hallaron rastros de consumo de alcohol o drogas en el conductor del auto que atropelló a Roberta.

La muerte de su pareja y la aparente falta de justicia afectaron mucho a Di Lello quien antes de cometer el crimen escribió en redes sociales: “Mi Roberta fue robada, robados sus sueños y planes de vida, su deseo de ser madre. ¿Dónde está la justicia? ¡Tal vez no haya! No olvidemos, luchemos, para que no hay otra Roberta”.