Los paparazzi son elementos que prácticamente han formado la farándula actual, desde hace décadas existen personas dedicadas a fotografiar de in fraganti a las distintas celebridades del mundo artístico, político, deportivo y ahora, virtual. Pero ¿es correcto llamar a este oficial un “trabajo honesto”? Con el paso de la historia se han visto cómo la lluvia de flashes ha llevado al quiebre a los famosos, incluso al punto de ser indignante, por otro lado también se han visto casos en los que el fotógrafo es atacado de manera desproporcional, seguramente debe de haber un punto medio ¿No?

El caso de Britney Spears es un claro ejemplo de cómo este oficio puede llegar a su punto más bajo. En 2007 la cantante tocó fondo luego de ser perseguida durante una noche como si fuera prácticamente una criminal. En las impactantes imágenes que hoy cobran más sentido se puede ver cómo la cantante de entonces 23 años era perseguida 24/7 por una gigante sobra de fotógrafos, quienes no paraban de tomarle imágenes e invadían su espacio personal.

Esa noche de febrero Britney decide que ya tuvo suficiente, entre la ola de personas que la seguían pasó a comprar dulces, a raparse y a destruir su propia camioneta con una sombrilla. Hay que felicitar a la cantante quien demostró que incluso en su punto más bajo no se atrevió a atentar en contra de la integridad de las personas que la estaban acosando.

Lo que lleva al siguiente extremo: los artistas que se creen con el derecho de atacar a los fotógrafos. Es cierto, a nadie le gusta el acoso, sin embargo cuando eres famoso debes de esperar que en lugares públicos como las playas o los parques te tomen unas cuantas fotografías a lo lejos. El caso más reciente de una agresión es el de la actriz cubana Livia Brito, quien es acusada de golpear a un fotógrafo con su propia cámara mientras vacacionaba en una playa de México. Ahora ella lo niega todo y el paparazzi ya cuenta su versión en redes.

La violencia nunca debe de ser justificada y el acoso tampoco, el precio de la fama viene muy alto, sin embargo a veces parece que se olvida que las celebridades también son personas. Los paparazzi no desaparecerán, pues mientras haya personas que consuman y gente que compre estas fotografías, el trabajo seguirá ahí. Sin embargo todo debería ser un punto intermedio y no abusar de las figuras públicas para tratarlos como objetos en una exposición de arte.